domingo, 19 de septiembre de 2010

Entrevista a Ernesto Díaz


Ernesto Díaz y su nuevo filme, Mandrill:
“Un cineasta depende mucho de su entorno y del tipo de historias que tiene a su alrededor”

Por Hugo Díaz

Ernesto Díaz Espinoza es un joven director chileno que ya ha dado la vuelta al mundo con su cine de acción. “Kiltro” (2006), “Mirageman” (2007) y “Mandrill” (2009), sus tres largometrajes estrenados han contado con la colaboración de su amigo de infancia, el alguna vez doble de “La Roca” Marko Zaror, y las tres han dado que hablar dentro del circuito de cine independiente especializado en acción y artes marciales. Zaror es quien ha dado el know-how para dar con la dosis de acción a estas películas gracias a su conexión con el mundo de los dobles hollywoodenses. Díaz es quien les ha aportado su visión y las referencias, como el mundo de los cómics o del cine de explotación de los años 70. Sin embargo, no es la intención de este realizador quedar encasillado en una sola categoría. Con 29 copias en su exhibición inicial, Chile ya está viendo “Mandrill”, su tercera película.

El film tuvo su primer encuentro con el público chileno en el pasado Festival de Valdivia. Sin embargo, festivales especializados como el Fantastic Fest de Austin, Texas, le dieron un espaldarazo increíble: Mejor Película y Mejor Actor. Sitios especializados como http://twitchfilm.net le dieron positivas reseñas, confirmando que el público específico ve con buenos ojos al cine de Ernesto Díaz. Ahora le toca el turno al público general.

¿Sientes que “Mandrill” es una película que conectará con la audiencia general?

“Estoy contento y agradecido por la llegada que ha tenido con el público, por las reacciones. He estado en varias salas, siempre me meto en ellas para ver como es la reacción del público “normal”, porque es distinto obviamente al de festivales y de presentaciones previas o avant première. El público de verdad es el de la sala de cine, el que paga su entrada para ver. Han hasta aplaudido al final de la película, entonces eso me deja súper contento y motivado y con ganas de hacer la próxima.”

¿Cómo puedes discriminar si el público de festivales verdaderamente recibe bien tu film o sólo juega a lo políticamente correcto?

“Es que en festivales uno se da cuenta durante, no al final. Las reacciones durante la película te dicen si son verdaderas o no.”

Llama la atención, que “Mandrill” no sólo sea escrita y dirigida, sino también editada por ti. ¿Porqué no delegar la edición?


“Es que me gusta editar.”

¿No te deja muy cercano al material?

“Sí, por eso me demoro más de lo normal. Dejo un período de tiempo de distanciamiento. Tengo que dejar a veces semanas entremedio sin tocar la película. La tengo que mostrar muchas veces para tener feedback y obtener diferentes tipos de opiniones. Claro, el proceso es distinto a un montajista normal que está distanciado, eso lo reconozco totalmente.”

¿Mantienes saludable tu sentido de la autocrítica?

“Tengo que hacerlo sino el resultado no sería bueno. Debo estar abierto a eso. Y siempre apoyándome mucho cuando la muestro. Eso es súper importante. Se que está lleno de directores allá afuera que editan sus propias películas. Lo que pasa es que me gusta mucho el montaje. Es quizás, mi parte favorita. Jamás se la dejaría a otra persona, porque perdería todo mi encanto por el proceso creativo.”

El contexto latinoamericano

¿Cuál era la fecha de estreno original de “Mandrill” en Chile?

“Era en marzo de 2010.”

¿Qué pasó?


“El terremoto. El terremoto corrió toda la cartelera, incluidos nosotros.”

Me imagino que las consecuencias te afectaron mucho.


(Afirma con un gesto resignado de cabeza.)
“Afectó porque, obviamente se frenó todo. El in crescendo se frena y hay que esperar y buscar una nueva fecha, lo que es muy difícil, sobretodo durante las vacaciones de invierno que están llenas de grandes estrenos hollywoodenses para niños, particularmente como “Toy Story 3”, “Shrek 4”, etc. No podíamos salir ahí, entre medio.”

La lucha contra el “gigante Hollywood” es constante, sin embargo ¿Cómo te percibes tu mismo dentro de la cinematografía latinoamericana en general y chilena en particular?


“Como un complemento. Como parte de la diversidad del cineasta.”

¿Cómo ves el cine latinoamericano?

“Es un cine inmaduro, que ya no está en pañales, pero sigue en una etapa de niñez. Siento que tiene una evolución lenta y lamentablemente es por la cantidad de producciones que tenemos. La cantidad de películas por cineasta. “

¿La experiencia forma al artista?

“Este es un oficio que se puede estudiar, pero, finalmente, la experiencia de hacer una película tras otra y estar filmando es lo que te empieza a evolucionar como cineasta y hacer mejores películas. En general, el cine latinoamericano se estanca, los cineastas dejan pasar mucho tiempo entre medio. Obviamente es por una cuestión de presupuesto, no tenemos financiamiento y es muy difícil conseguirlo.”

¿Si te dieran a elegir algún mercado específico, cuál elegirías?
(Pensando en Hollywood)

“Si es por un asunto de dinero…”

“En realidad me encantaría posicionarme en Latinoamérica, me gustaría que en Chile obtuviera un lugar destacado dentro de su cinematografía.”

A Marko Zaror le han comentado en sus videos de Youtube “Grande, no te quedes acá…”

“Creo que hay que partir de acá, yo creo que quizás como actor es distinto, sobre todo Marko, en su caso puede ser al revés, pero en el de un cineasta, no. Un cineasta depende mucho de su entorno y del tipo de historias que tiene a su alrededor. Por ejemplo, Takeshi Kitano no sería Takeshi Kitano si hubiera partido filmando en Los Ángeles.”

¿Lo admiras mucho?


“Sí. Kitano es una mezcla de su visión personal con el cómo muestra su ciudad y su Japón. Son esos dos factores los que hacen a un cineasta diferente. Si yo me fuera a hacer películas a Los Ángeles que es el lugar más cercano donde he estado, después de Santiago, creo que haría películas muy parecidas a todas las que se hacen allá. Eso no me llama la atención. Creo que “Kiltro”, “Mirageman” y “Mandrill” han sido exitosas porque traen este sabor chileno y latinoamericano y eso es lo que las ha hecho diferentes en los festivales y porque sobresalen en comparación a las otras películas de género de otros países.”

Sobre el uso de referentes Ernesto Díaz es claro en destacar las películas de James Bond, específicamente de la época clásica con Sean Connery.

¿Investigas mucho antes de empezar trabajar?

“Sí y no, porque la investigación suele ser espontánea. En general, he hecho cosas que son temas que traigo desde chico, investigando, leyendo y experimentando. No es que para una película específicamente me ponga a investigar.

Pero hay cierta especialización en lo que muestras, ¿cómo la consigues?

“Por ejemplo, en “Kiltro” sí investigué mucho de cómo filmar las peleas. Ese fue un estudio grande de los diferentes estilos de filmación de pelea y en “Mandrill” hice una investigación más a fondo de James Bond y leí unos textos de Umberto Eco en donde hablaba de la estructura de las novelas de James Bond.”

¿A eso vienen los agradecimientos al final de la película?

“Sí, porque analizaba la estructura y era súper didáctica su explicación. Entonces seguí la estructura que planteaban sus novelas y las seguí al pie de la letra pero con la versión de nosotros.”

El cine que viene

“Santiago Violenta” es el nombre del proyecto que actualmente mantiene ocupado a Ernesto Díaz. La describe como una película de mafia, sin protagonistas mafiosos, sin artes marciales y sin la colaboración de su amigo Marko Zaror.

Ahora tienes que ver qué pasa con Ernesto Díaz Espinoza sin Marco Zaror. ¿No te preocupa que tu nombre sea vea eclipsado por el de un actor?

“No me preocupa. Es que siempre funciona así: “la última película de Brad Pitt”, “la última película de Di Caprio”, en fin. No es algo que me complique. Jamás me ha complicado. Lo que si no me gustaría que me encasillen como un director de artes marciales, eso sí que no me gustaría. De hecho, ahora vuelvo un poco a mis raíces. Yo he hecho muchos cortos antes, cortos más que nada caseros. Hice hartas películas en mi adolescencia, y todas eran de otros géneros, terror, policial, pistolas, mafia. Entonces ahora vuelvo a eso. Ahora quiero hacer una película con esos temas, los temas que en el fondo, me enamoraron del cine. Películas como “Pulp Fiction”.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Festival de Cine Nueva Mirada

Del 2 al 8 de septiembre tendrá lugar en Buenos Aires la novena edición del Festival Internacional de Cine Nueva Mirada. Este certamen está orientado al público infantil, juvenil y familiar y ofrece una selección de films para distintas edades (de 4 a 8 años, de 6 a 9, a partir de 9 años, de 11 y de 13).

El festival, a cargo de la Asociación Nueva Mirada, tiene como directora a la realizadora Susana Velleggia y cuenta con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), y el auspicio, entre otros, de la UNESCO y UNICEF. Su objetivo es contribuir al desarrollo cultural y educativo de los niños y adolescentes mediante la educación audiovisual, promover la diversidad cultural e incrementar la cantidad y calidad de la producción nacional de películas y programas dirigidos a estos sectores.

En esta edición participarán largometrajes de Alemania, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Georgia, Países Bajos, República Checa, Rusia y Suecia. Junto a la nutrida programación de países europeos se presentarán dentro de la muestra paralela dos films latinoamericanos: El Regalo de la Pachamama, (2008) una coproducción Boliviano-Japonesa del realizador Toshifumi Matsushita y la cinta argentina Plumíferos (2010), de los realizadores Felippo y Gustavo Giannini. A su vez, la cineasta brasileña Lucía Murat, miembro del Jurado Oficial, hará una presentación fuera de competencia de su último film Maré, nuestra historia de amor.

Entre las actividades paralelas orientadas al público infantil se destaca un taller de realización de cortometrajes. Los trabajos que elaboren los niños y jóvenes que participen de esta instancia se presentarán al cierre del festival y serán programados por la televisión holandesa. Además, en la ceremonia de apertura se proyectará el cortometraje Extraño huésped, realizado por niños de sexto grado de una escuela pública de Entre Ríos, coordinados por la realizadora Susana Velleggia.

Por otro lado, el 7 de septiembre se llevará a cabo el Coloquio Internacional de Animadores. Donde se reunirán directores y guionistas de cine de animación tanto de Argentina como otros países. En la cita se expondrá sobre las innovaciones más recientes en este campo y se exhibirán algunos ejemplos. El coloquio se complementará con dos talleres sobre Guión de Cine y TV de Animación dictados por la guinista francesa Anik Le Ray, (Kerity, la mansión de los cuentos).

Para más información:

www.nuevamirada.com

http://festivalnuevamirada.blogspot.com

lunes, 9 de agosto de 2010

Rabia


Sebastián Cordero / España-Ecuador / 2009 / 89 min / Premio especial del jurado Festival de Tokio 2009, Mejor Película Festival de Málaga 2010

Por María José Bello N.

Rabia es el tercer largometraje del director ecuatoriano Sebastián Cordero, una película que ha tenido una presencia portante en la cartelera española tras haber obtenido el premio a Mejor Película en el pasado Festival de Cine de Málaga. Cordero debutó en 1999 con Ratas, ratones y rateros (nominada al Goya como mejor película extranjera). Luego vendría Crónicas (2004) y finalmente Rabia, un thriller psicológico basado en la novela homónima del argentino Sergio Bizzio y producido por Guillermo del Toro.

Se trata de una coproducción entre España y Ecuador, que aborda la historia de dos inmigrantes latinos que trabajan en el País Vasco; él como albañil en la construcción de un edificio y ella como empleada del hogar. En las primeras escenas se aborda el filme desde una perspectiva social. El romance entre ambos personajes se enmarca dentro del contexto de “ser latino” en Europa, con todos los prejuicios y obstáculos que esta condición puede suponer. Se plantean los temas de la discriminación, las difíciles condiciones laborales y la precariedad económica. De aquí nace también el título de esta historia, “rabia” es lo que inunda a José María, quien cae en una espiral de violencia en su intento por liberarse del resentimiento que lo invade.

No obstante, el planteamiento inicial de estos temas tendrá un giro fundamental. La historia de amor e inmigración de Rosa y José María, dará paso a una película cruda, anclada en el género del suspense más puro. La laberíntica arquitectura de la casa antigua en que trabaja Rosa será utilizada magistralmente por el director de fotografía, Enrique Chediak, quien escruta cada rincón de la casona con la cámara, escabulléndose entre escaleras, habitaciones y pasillos. Hay un uso recurrente de la cámara subjetiva, la que se focaliza en el punto de vista del protagonista, quien tras un incidente se verá obligado a esconderse en las habitaciones deshabitadas de este hogar.

El clima de misterio, sumado a la música de expectación y a los lentos y prolongados movimientos de cámara, nos adentran en un ambiente oscuro y nos mantienen completamente atentos al devenir de la historia y a los desplazamientos físicos de los personajes. La imagen se caracteriza por un tono azulado, casi constante, a lo largo de la película; la luz es mortecina y si bien el filme está ambientado en la actualidad, los efectos de iluminación y el grano de la película dan como resultado una estética de los años 80.

Encontramos en Rabia algunas citas directas a la película El Resplandor de Stanley Kubrick, como en el momento en que aparecen dos niñas gemelas, nietas de los patrones de Rosa, y comienzan a recorrer los pasillos de la casa. Son interesantes también los cruces que se pueden establecer con La Teta Austada de Claudia Llosa. Pese a que los personajes femeninos de ambas historias pueden parecer muy distintos a primera vista –las trancas sexuales de Fausta vs la desinhibición de Rosa- finalmente ambas se encuentran pseudo-prisioneras en la casa en que trabajan, dominadas por dos mujeres mayores muy posesivas pertenecientes a una burguesía en decadencia económica y moral.

Rabia es una película que sorprende, intriga y emociona. No es lo que uno se esperaría de una película de cine independiente latinoamericano del momento, ni tampoco podría ser encasillada como un filme español. Es ante todo una película de género, un thriller que no escatima en el uso de los recursos del suspense. Sin desmerecer el filme, encontramos en él un ligero sabor a telenovela, no tanto en el tono de las actuaciones como en la caracterización de los personajes (el estereotipo de la mujer pobre que trabaja en una casa de ricos, que tiene un amor imposible y que es acosada por el hijo de los patrones).

Sin embargo, la construcción de la historia, la dirección artística y sobre todo la calidad de la dirección de fotografía hacen de Rabia una película que va mucho más allá de lo banal. Es remarcable el plano final del filme, un plano secuencia en que la cámara recorre por última vez la casa, como si levitara, como un alma en pena...

jueves, 8 de julio de 2010

Un repaso necesario: Lucía y Luis

Por Ignacio del Valle D.

Sillas desvencijadas que se mueven solas, paredes que se cubren de negro y de las que surgen rostros desencajados, cuadros que se desplazan por los muros, cojines que, de tan viejos, se desgarran como un animal despanzurrado. Y en medio de todo, la voz de una niña, Lucía, y después de un niño, Luis: dos voces ingenuas e inquietantes, que narran vivencias inciertas, leyendas, temores vagos y nebulosos como una pesadilla. Dos voces que quizás sean el testimonio inconsciente de los muros de una casa maldita. Pese a su densidad narrativa, no estoy hablando de un cuento o de un relato breve, si no de una animación. Si aún hay alguien que desconfíe del potencial audiovisual y de las posibilidades plásticas que puede ofrecer el stop motion, que vea los cortos Lucía (2007) y Luis (2008) de Niles Atallah, Joaquín Cociña y Cristóbal León. Su escepticismo se convertirá en asombro.

Ambos trabajos se integran en un proyecto mayor, denominado Lucía, Luis y el Lobo (2009) y que trasciende las fronteras del formato audiovisual. Se trata de hecho de una instalación que fue presentada en la galería Animal (Santiago de Chile) el año pasado. El proyecto establecía un diálogo, una dialéctica si se quiere, entre los cortometrajes y diversos objetos precisos presentes en la instalación. Un ir y venir entre imagen filmada y objeto real. Aunque es fácil de imaginar que fuera de la instalación ambos cortos pierden parte de su fuerza, no por ello se rompe el vínculo implícito y perturbador que existe entre ellos. El resultado es un trabajo en stop motion de una rara sensibilidad que junto a otros como Teclopolis (Javier Mrad, Argentina, 2010) dan buena muestra de la creciente calidad técnica y artística que empieza a alcanzar este tipo de animación en el Cono Sur.

miércoles, 7 de julio de 2010

Nostalgia de la luz y de la vida

Nostalgia de la Luz / Patricio Guzmán / Chile-Francia-Alemania-España / 2010 / 90 min

Por María José Bello N.

El quiebre de una utopía, la llegada de la dictadura chilena, el dolor que se instala en los familiares de las víctimas para siempre, la búsqueda persistente de los cuerpos de los desaparecidos, son algunos de los motivos que están nuevamente presentes en este documental de Guzmán, que introducirá en esta ocasión un nuevo elemento temático y narrativo: la astronomía, una de sus pasiones de juventud.

La Batalla de Chile (1975), Chile, la memoria obstinada (1996), Salvador Allende (2004) y Nostalgia de la Luz (estrenada en el Festival de Cannes 2010) son cuatro monumentos erigidos por Guzmán para preservar la memoria histórica de una sociedad que por mucho tiempo no quiso -o no supo- recordar ni asumir su pasado.

El cine de Guzmán ha ido desde el gran gesto, hacia la reflexión histórica. De los movimientos populares capturados a través del cine directo en La Batalla de Chile -bajo la excelente dirección de fotografía de Jorge Müller (detenido desaparecido en 1975)- el director deriva hacia un cine personal, reflexivo, casi metafísico, en su última obra La nostalgia de la luz. Con la meticulosidad de un arqueólogo, Guzmán explora los suelos -y los cielos- del desierto de Atacama, para encontrar pistas sobre el tiempo y la trascendencia. Todo es pasado y el pasado permite un lento renacer. Pertenecen al pasado los astros que estudian los astrónomos en los límpidos cielos del norte chileno, porque la imagen de estas constelaciones llega con años de desfase al telescopio, y son del pasado también los muertos de la dictadura. Pero este pasado tiene manifestaciones en nuestro presente, y el realizador se encarga de leer e interpretar estas señales, para lograr asumir el dolor y sanar a través del recuerdo.

Pese a la repetición de sus temáticas –muy necesarias en todo caso- las películas de Patricio Guzmán trasmiten una emoción profunda, que nace de la empatía hacia el ser que sufre. En este último filme, los testimonios de las mujeres que exploran los yermos suelos del desierto en búsqueda de una mínima pista de los cuerpos de sus maridos -o de sus hijos- aquellas mujeres que conservan como reliquia un trozo de vestimenta, que rearman huesos astillados, son símbolos de una lucha que probablemente se extinguirá con ellas, a no ser que el cine siga dando vida a sus reivindicaciones.

En términos audiovisuales, los planos de entrevistas -un tanto estáticos- se alternan con poéticas imágenes estelares. La plácida voz del director y una música instrumental a cargo de José Miguel Miranda y José Miguel Tobar acompañan este viaje cósmico hacia el interior del alma humana y de la tierra.

domingo, 20 de junio de 2010

Octubre

Octubre / Daniel Vega y Diego Vega / Perú / 2010 / 83 min / Premio del Jurado de la sección Una Cierta Mirada, 63º Festival de Cannes

Por Ignacio del Valle

Clemente, prestamista huraño (obviamente) y gran aficionado a la prostitución descubre un buen día, a la puerta de su casa y envuelto entre pañales, el fruto sus debilidades lúbricas. Sofía, solterona y gran aficionada al Señor de los Milagros –el filme se desarrolla en octubre, durante su festividad- se encarga del cuidado de la recién nacida, mientras Clemente busca a la madre por los burdeles de Lima.

Omito el resto de los elementos que componen la trama, en lo esencial la historia de Octubre se construye a partir de estos dos personajes que confluyen en torno a la recién nacida. Un prestamista putero y una solterona devota. Como podrá deducirse de su principio motor, el primer largometraje de los hermanos Daniel y Diego Vega se interesa por algo que se asemeja a la incomunicación. Se trata de una cierta desesperanza, fruto del tedio, de la cansina monotonía, de las frustraciones y los fracasos de una vida en la que, pasados ampliamente los cuarenta, se empieza a temer que quede poco tiempo, poquísimo, para dar un golpe de timón que cambie el rumbo de las cosas.

En el filme lo anterior se manifiesta en la forma de la fortaleza expugnada. La calma de Clemente se triza a fuerza de llantos: el timonazo no lo da él, lo da más bien la niña o quien la dejó en la puerta del “gigante egoísta” limeño. En el caso de Sofía, el cambio de rumbo lo emprende ella, en pleno octubre, el mes de los milagros.

A pesar de sus personajes, el filme de los hermanos Vega no vive la crisis de los cuarenta, exuda más bien lo contrario: empuje, aliento, ganas de hacer cine, de contar historiar, sin olvidarse, afortunadamente, de asumir su propia sensibilidad. Quizás ese estado de ánimo le impide tratar a sus personajes con demasiada misericordia. Quizás por ello en el relato se distinguen notas de ironía, un vago gusto por retratar el absurdo, el patetismo mediocre que exhalan los muros descascarados en los que habitan esas criaturas ajadas.

Octubre es una nueva muestra de la creciente calidad del cine peruano. Su corrección técnica, sin ser brillante, demuestra nuevamente que han quedado bastante atrás, para el cine latinoamericano, los años en los que el cubano Julio García Espinosa defendía la imperfección como baluarte estético. Ya nadie defiende el “cine imperfecto” como modelo para enfrentar, quijotescamente, la hegemonía de Hollywood.

Desde hace bastante tiempo que las nuevas generaciones de cineastas latinoamericanos -egresados en su mayoría de escuelas de cine- exhiben una más que razonable experticia técnica. Sin embargo, hay ciertos rasgos que se aprecian en Octubre sobre los que debería llamarse la atención. Aunque no son negativos de por sí, se han vuelto tan comunes en cierto cine latinoamericano “independiente” –utilizo el término a falta de otro mejor- que corren el riesgo de convertirse en un lastre formalista.

El primero es utilizar la repetición como un dispositivo para representar la cotidianeidad. Aunque toda generalización es siempre abusiva me atrevería a decir que hace un buen tiempo que este dispositivo se ha vuelto habitual en el cine independiente latinoamericano. Lo testimonian, con matices, filmes de facturas y méritos variados: Parque vía, Whisky, La teta asustada, Gallero, Ilusiones ópticas, La buena vida, Gigante, quizás La nana.

Octubre utiliza este esquema para presentarnos a los personajes. Aunque el dispositivo se va alterando a medida que se desarrolla el filme, los realizadores vuelven a jugar con la repetición de otras situaciones como una manera de puntuar el ritmo de la película. Pese al espíritu irónico con que se ha intentado impregnar esta estrategia narrativa, el resultado no siempre es el deseado. El filme se vuelve redundante, las repeticiones debilitan la historia, impiden ahondar más en ella y llegar hasta las últimas consecuencias del relato. Da la sensación de que Octubre no consigue despegar del planteamiento, de que vuelve constantemente a la proposición inicial y, al final, nos queda esa desastrosa sensación de que podría haberse dicho lo mismo en menos tiempo (¡a pesar de que el filme no llega a los 85 minutos!)

El segundo punto es la frontalidad de la imagen. Este rasgo tradicionalmente se consideró como un defecto a evitar, porque en general aplana y desequilibra la composición y porque hace de la figura humana algo similar a un ícono bizantino, sobre todo si se encuadrada en plano medio. Por ello, ya mucho antes de la invención del cine la composición de la imagen privilegió los puntos de fuerza, las diagonales, el reencuadre, etc. El cine de algunos jóvenes realizadores -como Rebella y Stoll- al privilegiar expresamente la frontalidad, quiso desafiar al academicismo, un poco como lo hizo en su momento la Nouvelle vague al adoptar el jump cut. El problema es que la frontalidad ha pasado a convertirse casi en una convención. En un rasgo formalista que pierde rápidamente su frescura.

Octubre también sucumbe a este riesgo. Podrían citarse múltiples ejemplos de ello. Planos generales de fachadas filmadas en perfecta frontalidad, que un hombre solitario atraviesa cansinamente de un lado al otro de la imagen. Una mesa filmada frontalmente, con un hombre sentado en un pequeño taburete a un lado, y el prestamista, al otro. Un plano medio frontal, muy frontal, del protagonista desayunando… (perfecto silencio, movimientos mecánicos y estudiados, precisión para abrir el termo; el plato, la taza y los cubiertos dispuestos en orden sobre la mesa. La escena, casi sin variantes, es una de las más repetidas por el cine latinoamericano de los últimos cinco años. Lo más paradójico es que quizás nadie coma así, ¡la gente habla, aunque sea sola, se mueve, se olvida cosas en el refrigerador!)

Habría que añadir a lo anterior cierta reticencia a los diálogos, que puede justificarse, pero que a ratos termina por hacer de los silencios algo ligeramente artificial.

En su búsqueda por huir de las convenciones del cine hegemónico y, en general, por construir una representación de inspiración realista, el cine latinoamericano ha utilizado con frecuencia estos dispositivos. La repetición de ellos, sin demasiada reflexión, termina por volverse contraproducente. En parte, los excesos que he mencionado se explican, en el caso de Octubre, porque se trata de un primer largometraje. Daniel y Diego Vega han demostrado que tienen talento y que pueden construir una historia interesante. Es de esperar que en el futuro consigan alejarse de este camino ya demasiadas veces recorrido.


Octobre
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domingo, 30 de mayo de 2010

Electrodoméstica

Es poco común, por desgracia, toparse con un cortometraje en el que se despliegue un humor tan fino y cáustico como el que demuestra Kleber Mendonça Filho en "Electrodoméstica" (2005). El realizador brasileño hace de Recife, una vez más, el lugar donde llevar a cabo una aguda crítica de la sociedad de consumo.

Con ustedes un pequeño clásico brasileño de la última década: