lunes, 13 de julio de 2009

Estreno de Huacho


Por Felipe Bello

La sala está repleta. El público que no alcanzó a sentarse en una butaca, busca en algún lugar del pasillo una posición cómoda para ver el estreno en Santiago de la más reciente producción del cine chileno: Huacho de Alejandro Fernández Almendras. Todo esto transcurre en el marco de la inauguración del Festival de Cine B, un pequeño festival de cine independiente, que en este segundo año ha crecido de manera considerable.

El director pasa a presentar la película en compañía de un niño que pareciera no tener más de doce años. Tras los agradecimientos pertinentes, le dice a los asistentes que el pequeño no es su sobrino, aunque podría serlo, y que en realidad se trata del protagonista de su película. Le ofrece el micrófono para que diga unas palabras, él lo toma entusiasmado y dice: “Estoy súper contento, es la primera vez que vengo a Santiago”.

“Guacho” tiene según el diccionario de la Real Academia Española diez acepciones, sin embargo, sólo una definición es particular de Chile: “dicho de un hijo de madre soltera: No reconocido por el padre.” Gracias a este concepto, conocido ampliamente en la cultura chilena, uno podría pensar equivocadamente, pero con justa razón, que la película será un dramón acerca del padre ausente. Sin embargo con el transcurrir del metraje, esta percepción varía y uno pareciera intuir que el concepto de la película se acerca mucho más a la definición de “guaso”, que más allá de la definición de campesino, nos habla de una “persona falta de trato social, poco habituada a las costumbres de las grandes ciudades”.

La película narra lo que ocurre en un día de la vida de una familia de una pequeña localidad rural al sur de Chile. Es así como el director nos cuenta de manera independiente y consecutiva, el día de Clamira, el de su hija Alejandra, el de su nieto Manuel y el de su esposo Cornelio. Cada uno deberá sortear distintas dificultades para hacer frente a un mundo, “civilizado y moderno”, que no les ha otorgado las herramientas necesarias para ser parte de él, sino que los ha mantenido en una posición, en que al mismo tiempo que los integra, los rechaza.

En este vaivén, aparecerán de manera tenue muchas características propias de la identidad chilena, o incluso de cierta identidad latinoamericana, que siempre hemos intentado ocultar. Es así como el arribismo, la búsqueda del beneficio personal a costa del más débil, el endeudamiento, el rechazo al que es distinto y la flojera surgen de manera natural y el director las presenta sin buscar entablar ningún tipo de juicio moral al respecto. Además, Fernández no renuncia a que aparezcan los aspectos positivos de nuestra sociedad y que el humor esté presente también.

La propuesta estética del filme, fotografiado por Inti Briones, ofrece una visualidad diametralmente opuesta a los filmes en los que este director de fotografía había trabajado antes y en donde el campo había sido el protagonista. Si en Días de Campo de Raúl Ruiz, la apuesta eran los planos fijos y en el Cielo, La Tierra y La Lluvia, se buscaba un preciosismo estético a través largos dollys y planos fijos geométricamente compuestos, en Huacho la apuesta es la cámara en mano, es la estética documental. La cámara sigue a los personajes de espalda y de frente, los acompaña en su quehacer cotidiano y siempre se está moviendo con ellos. Esta propuesta logra darle a la película una soltura, que a ratos nos hace olvidar de que se trata de una ficción y ayuda a que los personajes logren una mayor cercanía y de inmediato cobren verosimilitud para el espectador.

El debut cinematográfico de Alejandro Fernández Almendras es un acierto en muchos aspectos. En primer lugar rescata a un sector de la sociedad, que rara vez ha sido retratado y las pocas veces en que se ha hecho, por lo general se ha caído en definiciones simplistas e idealizadas. También es interesante, porque saca a relucir todo eso que no queremos ser, pero que sin embargo sigue presente en cada eslabón de nuestra sociedad, a pesar de los “niveles de desarrollo” que ha alcanzado Chile y Latinoamérica en los últimos años. Y por último se aprecia que pese a ofrecer una visión crítica, no se juzgue a los personajes y que exista un equilibrio con ciertos aspectos positivos, como el apoyo dentro del núcleo familiar y el vivir la vida con optimismo.

Así como gracias a la película, el protagonista pudo conocer Santiago y empezar a perder su condición de “guaso”, sería bueno que algunos espectadores nacionales reconocieran algunos elementos propios en la película y dejaran de vanagloriarse de ser los “ingleses de Latinoamérica”.

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