miércoles, 16 de septiembre de 2009

Dawson Isla 10: una mirada desde la vivencia


Por Felipe Bello

La última película de Miguel Littin, Dawson Isla 10 es una obra que se puede analizar a partir de diversas aristas. Hay quien pudiera escribir un ensayo acerca de la memoria histórica y establecer cierta analogía con el cine documental de Patricio Guzmán. Otro pudiera hurgar en la cinematografía nacional, para encontrarse con una gran diversidad de miradas y opciones estéticas que han sido utilizadas por los directores para presentar el Chile de los años de la dictadura: lo turbio y degradado en Tony Manero de Pablo Larraín y la mirada infantil y pulcritud técnica en Machuca de Andrés Wood sólo por nombrar las más recientes, pero sin duda habría que incluir La Luna en el Espejo de Caiozzi, Imagen Latente de Perelman, Amnesia de Justiniano y la inolvidable La Frontera de Ricardo Larraín. Por otro lado, hay quien pudiera poner en duda, el que este tema siga siendo atingente a los tiempos actuales y lo sospechoso de su estreno en un año en que se celebran elecciones presidenciales.

Más allá de todas estas opciones, la tarea de analizar y criticar el filme se vuelve doblemente compleja al haber participado en éste. A pesar de haber ejercido un cargo menor como asistente de producción, las imágenes están ineludiblemente asociadas al momento en que fueron rodadas y a todo el grupo humano que se conformó para sacar adelante el proyecto. Por lo tanto esta crítica estará atravesada, más que de costumbre, por la subjetivización de la mirada. Una mirada que va más allá de la del espectador, para adentrarse en la práctica del quehacer cinematográfico.


El 20 de agosto del año 2008 una comitiva compuesta por aproximadamente 50 personas (32 del equipo técnico/18 actores) partió del Aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago rumbo a Punta Arenas, ciudad ubicada en el extremo austral del continente. Tras almorzar en la ciudad, zarpamos junto a nuestros equipajes, equipos y materiales necesarios para la puesta en escena, en un buque de la Armada chilena. Tras siete horas de navegación atravesando el estrecho de Magallanes finalmente llegamos a la isla Dawson.

La sensación de aislamiento al llegar a la isla es inevitable. No existe señal de celular, tampoco hay Internet y los únicos habitantes del lugar son miembros de las fuerzas armadas. A partir de entonces y parafraseando al sargento Malacueva, uno de los personajes de la película, uno debe acostumbrarse a la privación de ciertas libertades. El comandante que nos recibe, nos expone a través de un Powerpoint las reglas del lugar: Que la luz se corta a la 12:00 de la noche, que está prohibido beber al interior de la base, que la comida se sirve a tal hora y que existen ciertos lugares de la isla que no podemos visitar. Es el primero de veinticinco días que pasaremos allí.

La película de Littin se inicia con los ex ministros allendistas, ahora prisioneros de guerra, llegando a la isla. En sus caras hay temor. Cada uno acarrea un pequeño equipaje, ya que nadie les dijo que los llevarían tan lejos, ni por tanto tiempo. En total, los prisioneros pasarán entre nueve y diez meses confinados en ese lugar, que paradójicamente el gobierno de Allende había entregado meses antes del golpe, a la Armada.

Fortalezas y debilidades

El director de fotografía y operador de cámara es Miguel Ioann Littin, hijo del director de la película. Con una decena de películas bajo el brazo, Miguel es un claro ejemplo de la especialización del trabajo técnico que ha tenido la cinematografía chilena en los últimos años. El fotógrafo opta, al igual como lo hiciera para la película Machuca, por utilizar material de 16mm como registro, para luego ampliar a 35mm al finalizar la postproducción. Esta opción tiene un claro sentido estético, que apunta a recrear con mayor similitud, los registros audiovisuales que se tienen de aquella época, la mayoría registrados en 16mm y con negativo blanco y negro. La propuesta de cámara tiene una manifiesta intención: cuando acompaña a los prisioneros, suele ser en mano, buscando ser uno más, mientras que para las escenas de los militares, se mantiene generalmente fija, como encuadrándose con el orden castrense.

El sonido es algo que también llama la atención. Aquí hablamos de un trabajo en conjunto entre Nicolás Hallet y Simone Duardo, parte importante del aporte brasileño como país coproductor de la película. Con gran despliegue tanto para captar el sonido directo, como para recrear con verosimilitud el sonido ambiental en los interiores y de cada espacio físico en que se desarrolla la acción. Si a esto sumamos doblajes, que pasan completamente desapercibidos, para dos personajes de la película que tienen un claro acento portugués, se manifiesta nuevamente, que estamos ante un trabajo de gran factura técnica.


Aparte de la actuación de Cristián de la Fuente y de otras pequeñas puntuales, las actuaciones funcionan de manera bastante convincente. Es cierto que es difícil quitarse de la cabeza al actor Benjamín Vicuña y tratar de imaginarse que es Sergio Bitar, pero de alguna manera la voz en off ayuda a aminorar ese efecto. También se agradece que los papeles de los demás personajes principales, estén interpretados en su mayoría por actores más desconocidos para el público general. Bajo mi punto de vista, Pablo Krög como José Tohá y Luis Dubó como el sargento Figueroa (Malacueva) logran los puntos más altos en cuanto a interpretación.

¿Dónde podrían entonces radicar los principales problemas de la película de Littin, como para que Héctor Soto, uno de los más destacados críticos chilenos opte por no comentar la película en su blog semanal por considerar que "la crítica...le perdona la vida a estrenos donde no pasa nada, como Enemigo público o como Dawson, Isla 10."? La repuesta se esboza con el transcurrir del metraje: En el guión.

Si existe algo en lo que si podemos sentirnos atrasados con respecto a otras cinematografías, es en el rubro de los guionistas. En Chile ha existido la tendencia de que el director es quien debe escribir el guión. Hecho que no tiene por qué ser así. Es más, una de las películas chilenas más exitosas de los últimos años En la Cama, fue escrita por Julio Rojas y dirigida por Matías Bize.

Dawson Isla 10 no tiene un hilo conductor. Sergio Bitar (Vicuña) pareciera ser el protagonista, pero con el transcurrir del tiempo pierde importancia. Las historias paralelas se logran desarrollar escuetamente. Nunca entendemos por qué Abel, el personaje que les da leche y consejos a los prisioneros, se queda en la isla, tampoco el personaje del poeta Aristóteles llega a ningún lugar y así suma y sigue. De hecho, lo más lógico hubiera sido que la película cerrase con la salida de los prisioneros de la isla, que fue lo que realmente sucedió, pero ésta termina en cualquier punto del encierro, pudiera haber terminado diez minutos antes o diez minutos después y no existiría gran diferencia. No es que todas las películas deban tener la estructura aristotélica con un inicio, desarrollo y final, pero una película de estas características, basada en hechos reales, debería al menos, tener un esbozo de aquello y eso, lamentablemente no existe.

A pesar de sus deficiencias, Dawson Isla 10 es una película que sin duda vale la pena ir a ver al cine. En primer lugar, porque es sano para una sociedad debatir los hitos que han marcado su historia reciente y en segundo lugar, porque nos encontramos frente a una película, que técnicamente no tiene nada que envidiarle a las cinematografías extranjeras, lo cual hace que sea muy promisorio el cine chileno que se avecina.

5 comentarios:

Andrea dijo...

No había querido leer tu critica hasta haber visto la película....y ahora que vengo de verla, aprovecho la instancia para comentar y debatir;

Primero que nada no puedo negar que el trailler de esta película es maravilloso, realmente dan ganas de ir a verla...se puede sentir una invitación y un mensaje súper potente en sus imágenes y en increíbles frases.
Sin embargo una vez que la vi, toda la percepción que tuve de este trailler se desvaneció por completo...

No se insentiva en lo primordial: el miedo, el terror y el sentimiento de incertidumbre. En ese no saber que te van a hacer.
Sabemos que se vivio hambre, se vivio mucho frío, se vivio incomunicación. Todos estos son elementos que se mencionan, pero que nunca se muestran (no se viven), es decir, quedan sin desarrollo. Como espectadores no lo sentimos, en ningún momento se genera un clima de hambre, de frío, de desesperación.
Todo el rato se siente una situación de "parche antes de la herida", con esto me refiero que se le bajaba constantemente el perfil a las cosas ( a situaciones) donde todo parecía tener una solución:

a. No se alcanzo a sentir nunca la ausencia del lápiz. Podíamos ver como se los quitaban y al minuto ya tenían otro. Pasaba lo mismo con los papeles y las cartas. Se las quitaban y quemaban y al rato tenían otra. Nunca se sintió la carencia de estos elementos.
b. Le faltó mucho al personaje de Tohá. Falto interpretación de las condiciones, verlo realmente resfriado, estornudando, tiritando, con insomnio y cagado de frío (como viejo que era) para que le dieran una naranja. Las cosas simplemente le llegaban.
c. Pasaron frio? ahh pero se bañaban con agua caliente, o no? Bitar en un momento (voz en off) señala lo agradecido que estaba de eso.
d. Me hubiese gustado ver a Bitar realmente asustado y aterrorisado con sus pesadillas para que realmente le tuvieran que dar unas pastillas para los nervios. Me hubiese gustado haberlo visto realmente desesperado para haber salido corriendo así rumbo a la iglesia. No existió un clima previo para que pasara esa reacción, algo que explicará la consecuencia de ello.
Esta película estaba llena de "ángeles guardianes": Repentinamente aparecío alguien que lo recata del agua.
e. Basto un mínimo quejido para que apareciera una mágica solución...Al médico en un momento le entregaron pastillas para el dolor de la úlcera de manera instantanea. Inclusive cuando se escabulle entre el bosque basto que se tocara su estomago para que repentinamente apareciera Abel dandole leche para su dolor.
g. También hay que considerar y tener como antecedentes que la Armada queda "bien parada". Esta le brindo los beneficios a Littin para realizar la película (no los podía dejar mal parados). El sargento Figueroba (malacuea) les daba comida, cantaba y les tiraba la talla. Cuando llega el milico con ordenes de fusilarlos (el de la granada, caravana de la muerte) la armada se opone. Después de esta película podemos decir que la culpa es de los milicos y de la fach, no de la armada (ellos nunca fueron tan malos). No digo que no hayan habido sargentos buenos, pero creo que en este caso se abuso de esta figura de sargento tonto y bueno para la talla, de pronto fue un exceso de humor.
h. Podemos ver que se tomaban bastante bien las cosas estos señores cada vez que les llamaban la atención. Lucha? coraje? cambio? todo era chacota! podemos ver al joven cuando estaba en la iglesia sobre un andamio y grita cantando: "venceremos venceremos" y cuando le llaman la atención muerto de la risa cambia su discurso a "enceremos enceremos". Comían "palta reina", quitan a "Cuba" del himno de las Américas, cuando los castigan en el calabozo obscuro e incomodo salen muertos de la risa, etc...
(se continua en comentario 2)

Andrea dijo...

A la película le falto una toma de partido, un enfoque, le falto matricularse con una posición. (humor, miedo, emotividad, pasión, etc) trato de abarcar todo sin apretar en nada. Le falto optar. Todo quedo como un popurrí.
Pudo haber trabajado solo el tema de la memoria, o pudo haber sido entera una comedia (que era lo que más se resaltó), o del temor, del miedo, etc... Finalmente todo queda tan forzado (incluso la figura de Allende, los discursos, creo que sobraban, no eran necesarios).
Débil en términos de dirección y guión. En ningún momento como espectador puede sentir lo que decía Bitar, en ningún momento me pude emocionar y encariñar con algún personaje. Se habla del frío, del hambre, de los gritos (acordemonos una de las anotaciones de A que decía que se escucharon aullidos que no eran de animal) donde estaban esos gritos?
Pensemos que Abel en un momento le dice a Bitar que escucho que los van a matar. Una frase clave para generar una tensión en el personaje de Bitar. Sin embargo no se aprovecha.
Escenas tales como: el momento en que el joven corre tras su padre (cuando este se sube al camión) o cuando Bitar corre arrancandose hacia la iglesia. Carecen de fuerza y sentido donde quedan como escenas forzadas y sin un desarrollo previo.
Esta película no logra involucrarnos con un protagonista como si lo logro con El Chacal de Nahueltoro.
No se puede relacionar a la emotividad que se alcanza La Frontera (Larraín) en la escena que el protagonista ve a su hijo y canta el himno. No se puede comparar a la corrida que se pega el personaje de Cruz Coke en Se Arrienda (Fuguet). Recomiendo la película Hunger (2008, McQueen) donde realmente podemos sentir frío, hambre, incomodidad, incertidumbre en un ambiente de presos políticos.


En cuanto aspectos positivos. No me puedo quejar de los aspectos técnicos que bien tú señalas.
Rescato la producción de esta obra: se valora que pese a las pésimas condiciones del lugar, en cuanto a lo poco acogedor que pueda este ser, se haya sido fiel a la locación original.
Aún cuando no me guste la estrategia empleada, no puedo negar que Littin no pierde ese sesgo activista que tanto lo caracteriza. Vemos que a Allende lo mataron, abre las puertas nuevamente al debate. Hay que considerar que el mimisterio de educación acepto esta película como material educacional, es decir este mensaje va a volver a ser tema de debate. Ojalá se arme tal debate a tal punto que le hicieran una autopsia a Allende para definir de una vez si lo mataron o si se trato de un suicido, creo que nos haría bien a todos.

Finalmente, Sin desconsiderar y desmerecer que tú hallas sido parte de este proyecto. No puedo dejar de manifestar esta inquietud. Me preocupa que por no haber insentivado en elementos significativos como la creación de climas específicos lleguemos como espectadores a sentir conclusiones como:

"Pareciera que no la pasaron nada de mal los caballeros en la isla Dawson...les sobraban las pastillas para cualquier tipo de dolor (para las úlceras, para los nervios y vitaminas), tenían agua caliente, cantaban, hacían sketch navideños, tenían un sargento buena onda, un amigo que les daba leche, tenían lápices para dibujar y hasta el buen ánimo para arreiglar una iglesia."

Bajandole el perfil a un testimonio verídico para que finalmente pensemos: "no fue tan terrible la cosa..."

Simplemente en mi opinión, lamento una direccion y un guion que se farrio un buen material. Como bien tú dices, es necesario debatir sobre los hitos que marcaron nuestra historia.
No digo que inventemos cosas, pero...

donde quedo el miedo?
el pánico?
la desesperación?

Donde quedo el coraje, la fuerza, el cambio y la lucha?

feLipe bello dijo...

Andrea,
Pienso que en términos generales no estamos tan alejados en cuanto a la apreciación de la película. Eso sí, de alguna manera yo tiendo a equiparar el desarrollo argumental del filme con la habilidad técnica para conseguir ese resultado y claramente hay un gran desabarajuste entre ambos asuntos.
Antes de estudiar cine, mi principal escrutador para analizar una película era su guión. Si me gustaba, la película también lo hacía y si no, no pasaba nada. Pero con el tiempo me empezaron a gustar películas con propuestas formales más jugadas, en las cuales el guión pasaba a un segundo plano.
A pesar de este cambio en la percepción, es cierto que a la película se le puede exigir mucho más. Digamos que estaban todas las condiciones para re-crear la vida de los prisioneros con mucha mayor crudeza, verosimilitud y fuerza. No sucedió, cuesta involucrarse con los personajes, porque están poco desarrollados y porque no existe una línea argumental potente como para trasladar efectivamente al espectador a ese lugar y tiempo específicos.
Es cierto que la película es menos que El chacal de Nahueltoro, pero sin duda es mucho mejor que la mayoría de las películas que hizo Littin después. Por eso y por lo anteriormente manifestado, me sigue pareciendo una película interesante de ver y que puede y debe ser debatida.

Alvaro I dijo...

Andrea:

Creo que tu crítica la haces por que te faltó ver crueldad y sufrimento para creerle. La verdad es que la película es mas bien una pelicula reconciliadora, ya que no intenta hacer creer algo que no fue, no muestra el antes ni el después, solo hace sentir que autoridades fueron prisioneras y luego asesinadas. En cuanto al frío, creo que si lo pasaron, ya que el agua caliente llegó después; Abel era un "sapo", o por lo menos eso entendí yo, se acercaba en minutos oprtunos para poder obtener alguna información; en cuanto a la palta reina, fue una ironía que dijo el personaje cuando hizo referencia al dolor de estómago, tratando de decir: nos duele el estómago por la inmundicia que nos han dado de comer.
Creo que la película, no quizo mostrar escenas mas fuertes porque ese no era el objetivo. También creo que siendo personas inteligentes, tenían que actuar con humor, para sobrellevar los aterradores días que vivían.
Lo que me gustó, fue que los militares eran buenos y malos, de la fuente interpretaba a un militar frio, bruto e ignorante. Si bien Dubó, interpretó a un soldado "supuestamente mas bruto e ignorante", era mucho mas inteligente y humano, ayudando en cuanto podía a los confinados(no olvidar que arriesgaba su vida, como el soldado Soto).
Las pesadillas de bitar, el querer arrancar en una balsa, las amenzas psicológicas, encierros oscuros, amenazas de explosión, todo eso ocurrió y basta con mostrarlo de esa forma y no agudizarlo, ya que las imagenes hacen reflexionar y si reflejan lo sucedido.
En cuanto al oficial de la armada a cargo, creo que mas que no ser tan malo, era un poco mas cobarde, y sabía perfectamente todo lo que estaba pasando, su pensamiento de no matarlos, lo hacía solo por no querer quedar mal en las opiniones internacionales, porque muertes si hubo en isla dawson.

Juan Carlos dijo...

el trailer se ve muy interesante, dan ganas de ver la pelicula

Saludos.

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